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Home > Voces y experiencias del grupo orquestal-vocal El Caracol

El Caracol nace como proyecto musical de la materia Temas Selectos del programa de la Licenciatura en Música de la Facultad de Artes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Dicha materia la impartió el Mtro. Carlos Hinojosa, quien contagió a sus estudiantes el gusto por la música antigua y los invitó a adentrarse en ella. Algunos alumnos que formaban parte de la agrupación anterior llamada La primavera mexicana se sumaron al nuevo proyecto. Esta anterior agrupación fue fundada en 2012 por el Mtro. Hinojosa, era más vocal que orquestal pues contaba con dos coros de 10 cantantes y tocaban también un repertorio virreinal, pero por diversas razones el proyecto musical ya no pudo continuar su desarrollo.

Aram Oyorzabal Barbosa, violista y miembro fundador de La Primavera Mexicana y de El Caracol, nos cuenta que para ingresar en aquella agrupación fue necesario audicionar frente a autoridades de la música antigua tanto de Puebla como de México, y dicha prueba fue realizada en el emblemático museo de La Casa del Alfeñique. Posteriormente, en el 2015 se fundaría el grupo orquestal-vocal El Caracol que, en palabras de María Fernanda Orea Rivera ¾segundo violín y miembro fundador¾, “aunque la orquesta es pequeña, tiene de todo, está muy bien organizada: primeros violines, segundos violines, sección de violas, chelos, a penas incorporamos contrabajo, nuestro espinetista, una pequeña sección de alientos, que son flautas, percusiones…” (Orea Rivera, 21 de febrero de 2018). Su primer concierto fue el 25 de junio de 2015 a las 18:00 horas en el Salón Paraninfo del edificio Carolino de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla e interpretaron música barroca francesa de compositores como Lully, Charpentier, Marais, Campra, entre otros.

Desde ese día a la fecha, la agrupación se ha mantenido constante a pesar de la entrada y salida de algunos de sus integrantes. Incluso, tres miembros de La Primavera Mexicana ahora son parte de El Caracol: me refiero a Aram Oyorzabal Barbosa, Juan Bosco Pozos Díaz y Zótico Alva Badillo. Actualmente, El Caracol está integrado por 19 miembros, más los artistas invitados que colaboran con ellos según el repertorio que se vaya a interpretar:

 

Director

Mtro. Carlos Hinojosa Franco

 

 

Cantantes

Beatríz Eunice Melo Moreno (Soprano)

Ethel Trujillo Amezcua* (Soprano)

Iván Monge Garzón* (Tenor)

Jacob Bravo* (Bajo)

Bailarina

Abigail Trejo Gallardo*

Violines

Juan Bosco Díaz Pozos

María Fernanda Orea Rivera

Osmar Galindo Castro

Alma Celia Burgos Torres

Elena Wendolin Márquez Cortés

Violas

Aram Oyorzabal Barbosa

Everth Eli Ramírez Herrera

Violonchelos

Alberto Huerta Estrada

Daniel Denetro Vélez

Bruno A. Vargas Vázquez

 

Contrabajo

Guadalupe Rebollo Andrade

Mario Cerna*

Flautas de pico

Carlos Torija Rojas

Karla Yaninn Hernández Limón

Flauta Travesera

Débora Briz Aguirre*

Alejandro Hernández Cruz*

Trompetas

Iván Luis Reyes Valderrama*

Abdias Martínez Méndez*

Espineta

Leonardo López Rodríguez

Guitarra Barroca

Marcus A. Muñoz Vázquez

Percusiones

Zótico Álva Badillo

José Ángel Cabrera Mauleón

 

 

*Artistas invitados que colaboran con El Caracol.

Fuente: El Caracol, 2018.

 

Esa permanencia en el tiempo, se debe al trabajo colectivo y a la formación humana  que el Mtro. Carlos Hinojosa busca infundir en sus alumnos; se ha convertido en su maestro y amigo, quien con su dedicación, trabajo y pasión por la música antigua ha inspirado a sus estudiantes: “antes que un artista se forme como artista tiene que tener mucha humanidad y la humanidad se logra sintiendo un arraigo al lugar que pertenecemos… […] Además busca hacernos conscientes del peso artístico histórico de la ciudad de Puebla para que El Caracol pueda convertirse en representativo del estrambótico barroco de la ciudad” (Oyorzabal Barbosa, 21 de febrero de 2018). Así, humanismo, crítica, historia e identidad se conjugan en su quehacer artístico musical.

En la agrupación cada uno, además de dedicarse a la interpretación de su instrumento, desempeña una función muy importante en la planeación, organización y toma de decisiones y cada uno asume una responsabilidad colectiva. Por ejemplo, Everth Eli Ramírez Herrera, violista y representante legal y de relaciones públicas de El Caracol nos comenta que también ha sido bibliotecario, diseñador y encargado de logística. Para él,

el arte es una conexión directa con la creación (Dios), un camino para conocerse a uno mismo tanto individualmente como colectivamente y, en consecuencia, la música es una disciplina espiritual que nos ayuda a mejorar como seres humanos y a recrear el origen del universo dentro de nosotros. (Ramírez Herrera, 6 de febrero de 2018)

A Everth le atrae mucho la música antigua tanto en su ejecución como en la investigación; no obstante, nos comenta que definir a la música antigua es complicado pues el término mismo puede ser ambiguo y prestarse a confusiones porque por sí mismo no nos ayuda a situarnos en un periodo histórico en específico. Pese a esto, cuando nos referimos a la música antigua estamos haciendo alusión a aquellas composiciones de la música clásica europea ¾aunque también están las composiciones producto del mestizaje en tierras como la Nueva España¾ desde la edad media hasta finales del barroco, esto es del año 476 d.C. hasta el año 1750 d.C. aproximadamente.

Yo diría que [la música antigua] se encuentra después de la edad media cuando se rescata el pensamiento neoplatónico: el arte del drama, las emociones, todo es muy explicito, visual, sonoro. Lo que busca este tipo de música es evocar las pasiones del alma… en constante movimiento, por supuesto. Si quisiera definirlo podría mencionar la edad media como una cuestión muy espiritual pero muy cuadrada porque en realidad buscaban la perfección; sin embargo, en el barroco la perfección se transforma, se empieza a torcer, a revolver… porque la naturaleza no es totalmente perfecta, tiene cierto movimiento que es lo que evoca la música antigua. Por eso en la música antigua existe de todo, desde lo más dulce y tranquilo hasta lo más grotesco, aterrorizante y enérgico. (Ramírez Herrera, 6 de febrero de 2018).

La música antigua puede parecer simple a primera vista pero dentro de ella oculta improvisaciones y ornamentaciones, notas dentro de las notas y silencios dentro de los silencios; “se asemeja a la gran cantidad de elementos que alberga la rugosidad de una catedral novohispana. Por lo tanto, es una música que representa fielmente la complejidad del ser humano y que nos invita a descubrirla desde nuestra propia sensibilidad” (Muñoz Vázquez, 7 de febrero de 2018).

La riqueza experiencial que ofrece la música antigua trastoca a sus intérpretes:

Un músico que se interese en tocar música antigua tiene que desaprender todo lo que aprendió en cuanto a método, por ejemplo, en el barroco los músicos no se sentaban en filita… ahí la experimentación era total. La música no era tan estricta, tan rígida, tan enfocada a la técnica… el músico experimentaba, buscaba texturas… formas, y es algo totalmente opuesto a lo que nos enseñan ahora […] En la música antigua se explora (se toca) de diferente manera porque el pensamiento es totalmente diferente; por tal motivo, aconsejo que para interpretar música antigua se debe desarrollar primero un pensamiento abierto. (Ramírez Herrera, 6 de febrero de 2018).

La experiencia que brinda la música antigua trastoca la subjetividad de quien participa de ella, trasciende los espacios de académicos y culturales destinados para la interpretación musical, llegando a la esencia de la vida misma a través del movimiento hacia dentro que representa el caracol como una búsqueda de uno mismo por medio de la reflexión, introspección y espiritualidad pero también hacia afuera no sólo como deleite y entretenimiento, sino también como una manera de posicionarse críticamente en el mundo y frente a él, de percibirlo, sentirlo y de actuar, tomando conciencia de que somos parte de orden superior donde todos estamos interconectados; es decir, de una energía que creámoslo o no, queramos, o no, lo consideremos metafísico, religioso.. o no, está ahí presente y nos vincula a todos. En otras palabras, nos proporciona una experiencia holística que nos recuerda cómo estamos todos conectados en el universo que está en constante movimiento y que no somos individuos aislados. Y precisamente la búsqueda de esa armonía universal está muy ligada con esto, de mirarnos en el otro que no es ajeno sino que también es parte de uno mismo, quizá una extensión de lo que somos.

El arte además de expresar sentimientos significa hacer algo de la mejor manera posible para conectarse con uno mismo y proyectárselo a los demás. (Muñoz Vázquez, 7 de febrero de 2018).

En consecuencia, la agrupación vocal-orquestal El Caracol es un proyecto musical colectivo de base humana, producto del legado del Mtro. Carlos Hinojosa, quien ha asumido el compromiso de formarlos no sólo en plano técnico como músicos sino también como seres humanos. En cada una de sus puestas en escena, ellos buscan introducir a su público, involucrarlos en esa armonía que se genera a partir de la música, que rompe las barreras del tiempo y del espacio y que llega a lo más profundo del alma.

En la música antigua no me dicen cómo tocar, soy yo mismo, busco la forma en la que soy y la forma en que me gusta aprender. (Ramírez Herrera, 6 de febrero de 2018).

Jóvenes artistas comprometidos con la historia y con su sociedad que buscan que la gente se sienta incluida en lo que están haciendo artísticamente y de sensibilizarla, haciéndola consciente de dicha participación.

Amo mucho esta agrupación porque soy muy consciente del peso artístico de esta ciudad que es comparable al de otras ciudades europeas. [La música antigua] es muy humana, deleita y conmueve, pero no siempre todo es dulce, hay cosas ásperas, rudas… en el sentido en el que son muy directas; hay énfasis y elocuencia en la música como pasa en mis palabras y eso para mí es un punto de referencia para abordar la música antigua. También es muy teatral. Y Carlos Hinojosa hace hincapié en que nosotros no damos “conciertos”, hacemos “puestas en escena”. (Oyorzabal Barbosa, 21 de febrero de 2018)

Pero también nos invitan a “rescatar la herencia intangible de la época barroca en México”, objetivo principal de El Caracol en palabras del Mtro. Carlos Hinojosa que dio para Canal 22. Pues, se trata de que cada vez seamos más los que conozcamos y disfrutemos de este repertorio barroco, convirtiéndose en la primera opción musical para los poblanos y mexicanos.

Si nos ponen a competir con un artista moderno de música comercial nuestro auditorio quedaría vacío y eso es algo muy triste porque somos una ciudad barroca y tendríamos que tener arraigada esa herencia. (Orea Rivera, 21 de febrero de 2018)

Su reciente producción discográfica llamada El Fandango Poblano es una excelente oportunidad para acercarnos a conocer y disfrutar aquellas obras ligadas con nuestro pasado histórico e identidad mexicana y poblana pero también para construir una experiencia barroca. El disco incluye un repertorio que nos conducirá a un viaje en el tiempo a través de la recopilación que ellos hacen de las obras musicales de cuatro naciones importantes durante el periodo barroco:

 

Comenzando con Francia y sus elegantes danzas de corte, Inglaterra con sus trágicas pasiones, prosigue Italia con picantes y alegres melodías, y por último España que, al mestizarse con nuestro continente americano, provoca una flagrante combinación de nuevos ritmos y ardores que dan lugar a la “fiesta”, o mejor dicho para nosotros, al Fandango. (El Caracol [CD], 2018)

 

Por citar algunos ejemplos de obras que incluye el repertorio de este disco me gustaría mencionar al Confiado Jiguerillo que pertenece a la ópera Acis y Galatea de 1708 y que fue compuesta por Antonio de Literes, la cual nos muestra las fiestas españolas y sus zarzuelas; los Cumbés, compuestos por Santiago de Murcia en 1721 y que representan la mezcla cultural entre lo español, lo indígena y lo africano, todo esto en función de la fiesta y el baile; y el 4to Mov “Fandango” (1771) de la obra Quinteto para guitarra y cuerdas en Re mayor del compositor Luigi Boccherini.

No obstante, con respecto al fandango me gustaría señalar lo siguiente: El Fandango aparece en el manuscrito que se conoce como Saldívar IV para guitarra barroca atribuido al guitarrista español Santiago de Murcia, el cual data de 1730 aproximadamente. En España dicho nombre evolucionó relacionándose como un género musical ¾es decir, como un antiguo baile español, ejecutado con acompañamiento de canto, guitarra, castañuelas… mientras que en México conservó su sentido original de “fiesta”.

El Mtro. Carlos Hinojosa afirma que la Nueva España es su verdadera tierra de origen, especiamente del llamado “Fandango Indiano”, cuyo nombre indica que fue llevado a España desde “las Indias”, es decir, desde tierras americanas. Dicho fandango es una de las obras musicales más antiguas escritas para guitarra, el otro es el Fandango de Cádiz (Hinojosa Franco, 24 de agosto de 2016) .

No cabe duda de que historia, identidad, cultura y experiencia se entretejen tan profundamente que no pueden pensarse de manera aislada; estos conceptos fueron claves para el desarrollo de este texto que fue planteado a través de tres momentos: uno histórico que nos permite conocer más de ese pasado musical poblano que constituye nuestra identidad; otro filosófico-político que explora al barroco en su relación con el mestizaje como fuerza de resistencia y persistencia frente a una lógica de muerte y destrucción; y por último, uno artístico y actual que vincula todo lo anterior y lo proyecta a través de su quehacer artístico cotidiano, me refiero al grupo vocal-orquestal El Caracol.

Así, con la intención de concluir esta breve e inicial exploración sobre esta propuesta que involucra temas complejos que aquí sólo se esbozan de manera muy general, no me queda más que expresar mi deseo de haber abierto posibles rutas para el desarrollo y profundización de esta propuesta que busca entrelazar el sentido del barroco, la experiencia y la música antigua para repensar nuestras sociedades actuales y nuestra postura frente al mundo en el que vivimos, partiendo de un conocimiento del pasado que nos constituye y que se reactualiza, permitiéndonos el cuestionamiento sobre el futuro que nos depara frente al que deseamos. Asimismo, considero que es importante continuar estas reflexiones no sólo en el campo teórico-filosófico sino también desde la vida cotidiana misma, y para esto es necesario acercarnos a la música antigua latinoamericana a través de grupos musicales como El Caracol, quienes nos invitan abiertamente a rescatar nuestra herencia cultural musical pero también a descubrir y construir, a partir de esos ecos barrocos que aún resuenan, otras maneras de experimentar la vida desde nuevas y diferentes miradas y sensibilidades que reivindiquen y resignifiquen el sentido crítico de nuestra existencia humana y de nuestro que-hacer en el mundo.

Por último, pero no con menos importancia, le agradezco mucho al Mtro. Carlos Alberto Hinojosa Franco y a Everth Eli Ramírez Herrera por las facilidades que me dieron para realizar este trabajo.

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